
Es fundamental escurrir bien la ricota. Simplemente colocarla dentro de un lienzo limpio y fino. Estrújenlo para que el queso suelte el suero. Así, a la hora de hacer el relleno evitaremos que la preparación tenga mucho líquido. Cualquier relleno debe quedar firme y con buena textura para que al cortar la pasta no se desintegre.





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